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miércoles, 1 de febrero de 2012

Desecho judicial


Garzón en sus tiempos felices

En mi opinión, todos los españoles somos herederos de la Historia de nuestro País, en la medida en que reconozcamos esa herencia, tal como ocurre  con los nacionales del resto del Mundo.

Ahora bien, una cosa es admitir la herencia en su integridad, sin hacer recortes caprichosos, y otra considerarnos responsables de la misma en su totalidad o en fracciones, con algún que otro sentimiento de culpabilidad añadido en el curso de la vida, si bajamos la guardia y aceptamos informaciones malevolentes sin contrastarlas. Hasta ahí podríamos llegar. 

En los desnortados tiempos que corren, han surgido nuevas generaciones de convicciones muy firmes, aunque simples, y de fondo ideológico, capaces de negar cualquier evidencia puesta ante sus ojos. Esta nuevas generaciones han dado un  metafórico paso atrás distanciador, y señalan al unísono, como si constituyeran un coro griego, a los que no comparten sus delirios, echándoles en cara responsabilidades históricas, arrogándose el papel de extraterrestres justicieros.

El ex-presidente Zapatero se adscribió voluntariamente, desde el principio de su interminable mandato, al coro griego de acusadores, jaleado por algunos como el juez Garzón, quien sirviéndose tácticamente del simplón de su señorito, trataba siempre de calmar su propio afán de notoriedad y la insaciable egolatría que le corroe.

Cuando los Magistrados del Tribunal Supremo que le juzgan por su megalomanía en el segundo juicio como imputado de su agonizante carrera, le han señalado los límites de sus atribuciones marcadas por la Ley alegramente traspasados por él, todas sus disculpas recuerdan a las de cualquier delincuente juvenil : "yo creía que..." "yo no sabía que...". Basura. 

viernes, 27 de enero de 2012

Leyendo el periódico


Cézanne: Hombre leyendo el periódico

En un artículo, por cierto muy bien escrito, que publicó ABC hace algunos días, firmado por el ex-Ministro de la época tardofranquista, Sr. Utrera Molina, se quejaba de su soledad y aislamiento, no una vez sino dos a lo largo de su escrito.

Al terminar el artículo, pensé como lo haría un personaje azoriniano: ¡Hombre, seamos realistas, mi querido señor! No pretenderá Vd tener, a estas alturas biográficas, una agenda trepidante. Lástima que la tecnología actual no pueda proporcionarnos unos exoesqueletos, de material flexible, adaptado a la configuración del usuario, resistente a las agresiones ambientales, extraligero, no conductor del calor ni de la electricidad y, en fin, provisto de un pequeño motor capaz de facilitarnos  el primer impulso para iniciar la marcha, levantarnos de un sillón sin ayuda, subir con garbo y decisión cualquier escalera, sin buscar antes con la mirada una rampa para discapacitados, ponernos todos los días los calcetines, y cosas así. Yo  me conformaba con uno de estos artilugios y sería el primero en utilizarlo, porque ver a nuestros contemporáneos en una silla de ruedas, aunque sea de tracción mecánica, resulta deprimente.

jueves, 26 de enero de 2012

Jurados



En "Doce hombres sin piedad" ("Twelve angry men"), asistimos a las deliberaciones  de un Jurado sobre el juicio al que acaba de ser sometido un joven acusado de homicidio, cometido en la ciudad de Nueva York. La tensión dramática de la película va en ascenso a medida que cierto jurado (Henry Fonda) convence a sus compañeros, uno tras otro, desmontando los argumentos acusatorios, a primera vista irrebatibles pero basados en pruebas circunstanciales. El clímax del film tiene lugar cuando el último de los jurados da su brazo a torcer y, frente a los argumentos lógicos de Fonda, abandona posición berroqueña, mantenida por motivos estrictamente personales, alcanzándose la unanimidad necesaria.

Ayer concluyó en la ciudad de Valencia, un juicio también con jurado, que sin poner en juego la vida de nadie como en la película, no careció su desarrollo de dramatismo, porque estaba en entredicho la honorabilidad y el futuro político de dos acusados de cohecho impropio, destinados al ostracismo y a la expulsión de su Partido hoy en el Gobierno, en caso de ser condenados.

En ausencia de un héroe de ficción como Fonda, los técnicos jurídicos del Tribunal Superior de Valencia, facilitaron  a los jurados una lista con dos docenas y media de preguntas relacionadas con las distintas etapas del proceso, cuyas respuestas  debían ser  necesariamente positivas o negativas y por tanto facilmente cuantificables. El resultado de la consideración de las preguntas por los jurados, fue exculpatorio (cinco votos contra cuatro, pues en este caso no era necesaria la unanimidad ), dando fin así al calvario padecido por los acusados  durante los tres años previos como inculpados(1), pena adicional propia de la peculiar justicia socialista, que ignora la separación de poderes, filtra sistemáticamente a la prensa los secretos del sumario, utiliza la policia judicial para montar operaciones de escucha y, en fin , se dedica a toda clase de práticas "non sanctas" en un Estado de Derecho.

La instrucción del caso redactada hace tres años por el inefable Juez Garzón, cuando aún no había dado los traspiés jurídicos  que le han llevado finalmente al banquillo de los acusados, inculpaba a los dos políticos valencianos de una supuesta aceptación de regalos (unos trajes) hechos por una red de empresarios corruptos, a la espera de las compensaciones oportunas

El intento de los socialistas de destruir a la oposición, puesto en marcha por  Rubalcaba, siendo Ministro de interior y maquinado durante las dos últimas legislaturas, ha terminado con el episodio que significa este juicio, y las palabras pronunciadas por el ex-alcalde socialista de Alicante, le revelan como uno de los "malos": ..." con el trabajo que nos ha llevado sentarlos en el banquillo... y ahora, mira, inocentes".


(1) Para un veredicto  de culpabilidad el  Jurado debería haber emitido siete votos negativos.

martes, 24 de enero de 2012

El amigo Catilina


Profesor de latín

Nuestro profesor de Latín durante el Bachillerato jamás se tomó la molestia de explicarnos el contexto histórico de los personajes  surgidos ante nosotros desde los textos latinos. Debíamos atenernos a la literalidad de tales galimatías tan antiguos, sin meternos en honduras ni en camisas de once varas. A veces creo que tal  actitud se debía a no querer, precisamente él, meterse  en la citada camisa, con tanta República, Democracia, derechos de la plebe etc, emanada de los textos.  

Leí hace años, en las memorias de Don Santiago Ramón y Cajal y de Sir Winston Churchill, que siendo ambos niños, coincidieron, casi con las mismas palabras en quejarse por no entender ni una palabra de aquel asunto. El primero decía " si es que no lo entiendo", entonces el fraile de turno le administraba una colleja y le gritaba "¡es que no hay nada que entender!". Y ¿qué es esto del vocativo?" se lamentaba el niño Wiston, "¡nunca voy a hablar con una mesa para decir oh, mesa!"

Consideremos el caso de Lucio Sergio Catilina, vástago de una familia aristocrática venida a menos que siempre tuvo tendencias populistas. Era una especie de socialdemócrata de siglo I a C. Su enemigo declarado fué  Cicerón, senador y autor de las cuatro diatribas contra Catilina, cuyos textos han sido conservados durante más de dosmil años para tormento de los estudiantes de bachillerato del siglo XIX y primera mitad del XX.  El caso es que el texto latino que me entregaron para traducir  durante el exámen de reválida, una vez concluído el  Bachillerato, trataba precisamente de Catilina. Siguiendo mi procedimiento intuitivo de traducción deduje que allí se explicaba cómo el amigo Catilina utlizó, para presionar a los jueces dispuestos a juzgarle, a una serie de partidarios políticos y otra gente más o menos patibularia que miraba a dichos jueces de mala manera, con los que llenó el Senado.  Catilina terminó absuelto.

Hoy he recordado  al amigo Catilina, al leer esta mañana en un periódico que el Juez Garzón utiliza en su segundo Juicio, frente al Tribunal Supremo, la vieja técnica de Catilina, al incorporar en su comitiva a elementos de la Comisión de Derechos Humanos, de Amnistía Internacional y del "Human Rigts Watch", valedores del Derecho Internacional, donde ya figuraban Cayo  y demás compañeros del Partido. Y es que no pasa el tiempo, oiga. 

lunes, 23 de enero de 2012

¡Cuidado con las cifras!

Baile de cifras

Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, todos los lectores de periódicos supimos que las autoridades británicas nos habían tomado el pelo mientras duró la contienda, con las cifras publicadas por el Estado Mayor del Aire. Por ejemplo, las de los aviones propios perdidos habían sido sisteméticamente divididas por 2, y las de enemigos derribados, multiplicadas por 2 o 3. Entonces, todos entendimos que el engaño tenía la intención de mantener alta la moral del pueblo inglés, y nadie se sintió estafado en este caso. 

Otra cosa  es notar en historiadores, profesionales o aficionados, tratándose también de cifras,  que quieran darnos gato por liebre. Consideremos el caso de la ciudad de Guernica, arrasada por la aviación alemana. Quien tenga cinco o seis libros de Historia en casa, es seguro que cuenta con, al menos, tres cifras muy distintas, de víctimas del bombardeo. Si el autor es serio hará ascender su número a no más de ciento cincuenta. Si es un chisgarabís, como el belga Nothomb, amiguete de Malraux, pisa el acelerador y apunta  10.000 víctimas sin inmutarse,  en un libro prologado por Jorge Semprún, quien califica la obra de seria. Qué cosas tiene Vd, don Jorge.

Hace un par de días he leído un blog ,donde se apunta, por cierto en defensa del inefable Juez Garzón : "Por cada víctima de Mussolini, el franquismo fue responsable de 10.000". Pues bien, según internet las vítimas del Cavaliere Mussolini, antes de 1922, se elevaron a 500. Es decir, nuestro bloguero apunta, como mínimo. 5.000.000  (cinco millones) de víctimas en la cuenta de don Francisco, y se queda tan ancho. Para quedarse de una pieza y se le caiga a uno el monóculo del pasmo.

domingo, 22 de enero de 2012

Dos mentecatos nacionales


El recuerdo de la guerra civil fue diluyéndose con el paso de los años (76 desde que empezó, acabando la macabra fiesta a los 3 años y diez meses de su comienzo) entre una población mayoritariamente  urbana, socialmente transformada por el ensanchamiento de una clase media muy reducida antes del conflicto. Dos leyes de amnistía promulgadas, antes y después, de la Transición de la Dictadura a la Democracia, contribuyeron notablemente a tranquilizar el espíritu nacional por primera vez desde que Napoleón Bonaparte incluyó en sus planes  de pacificación europea, sí o sí, a España y Portugal.

Este proceso de reconciliación nacional, que los españoles sentíamos ya a nuestro alcance, estaría concluído a las alturas del siglo XXI en que nos hallamos, si no hubiera mediado un Presidente de Gobierno, calamitoso y mentecato, rodeado de una cohorte de siniestras criaturas ignorantes,  capaces de llevar  los intereses nacionales en dirección apuesta a la debida, reverdeciendo durante los últimos  siete años los antiguos enconos ideológicos bélicos que hoy impregnan a la clase política de la izquierda, la desasosiegan hasta perder el oremus, y la impiden ser feliz.

Otro mentecato, Juez de pacotilla, incapaz de instruir decentemente una causa, quiso poner la guinda al pastel  zapateril, abriendo nada menos que una causa general  a los extintos vencedores de la guerra civil, con vistas a tergiversar de raiz la Ley de Memoria Histórica, para animar a la gente a exhumar fosas como posesos y tener al personal en vilo durante una larga temporada, ayudado por la prensa adicta.

Al Juez en cuestión, el conocido don Baltasar, le esperan para juzgarle, en su segunda causa pendiente, el próximo martes, sus compañeros magistrados que van acabar exhaustos, aunque el premio obtenido merezca la pena: perder de vista definitivamente  al asombro de la Judicatura. ¡Uf! 

viernes, 20 de enero de 2012

Entendederas



Gérard Depardieu, actor distinguido por su enorme corpachón, protagoniza  una película francesa, cuyo título no recuerdo en este momento, y borda el papel de un delincuente de poco pelo, escasa sesera, de caracter infantiloide y de una fuerza descomunal.

Tras su escapada de una prisión-manicomio, Gérard trae en jaque a la "Gendarmeríe" de varios distritos parisinos. Uno de los policías que le persiguen en coche con sirena ululante, siguiendo el rastro de los estropicios cometidos incansablemente por el huído, dice a su compañero: ¿no te parece que a éste deberían encerrarle en alguna institución especial? y el interpelado contesta: ¡si hicieran eso con todos los individuos como él, en Francia no habría terreno para construir las suficientes instituciones especiales necesarias!

Me llamó la atención tal apreciación del guionista de la película, puesta en boca del policía, referida a  su País, porque nosotros siempre hemos creído  tener la exclusiva europea de contar con una parte significativa de la población  con pocas entendederas, como se ha demostrado a la hora de depositar el voto en las urnas, hasta hace  pocos meses.

De momento, algunos observadores, con segundas intenciones o sin ellas, no descartan que en las próximas elecciones autonómicas andaluzas, el voto rural se incline a favor de los socialistas y comunistas, obteniendo estas formaciones unidas la mayoría absoluta, y hundiendo un poco más la región, donde ya disfrutan de un paro equivalente a 30% de la población laboral.   

jueves, 19 de enero de 2012

Las tramas


Garzón, sin su toga, ante los Jueces                                          

Hemos visto juicios divertidos, por ejemplo el de la película "La costilla de Adán", otros trágicos como el del film "Matar un ruiseñor", y muchos otros más, clasificables en distintas categorías, pero ninguno tan tonto parecido al del Juez, Su Ex-Señoría, don Baltasar Garzón,  suspendido en sus funciones hace más de un año, que se presenta ante sus Jueces revestido con su túnica, sus puñetas y placa, aunque debió despojarse de estos atavíos judiciales ante las cámaras de TV, a requerimientos del Presidente del Tribunal, como le pasó al capitán Dreiffus a la vista de todo el mundo, cuando le degradaron en París. 

Don Baltasar es juzgado estos días por infringir el precepto constitucional según el cual las conversaciones de los abogados defensores mantenidas con presuntos delincuentes detenidos, son confidenciables e inviolables. Pero don Baltasar, de suyo jaque, siempre ha sentido que la Ley es cosa propia, de manera que al seguir la causa  de cierta trama de corrupciones diversas, no se paró en barras y ordenó a la policía judicial, la escucha  de los diálogos mantenidos entre los detenidos por organizar dicha trama con sus abogados.

El perverso Juez admite tanto haber dado sus órdenes a la policía, como el conocimiento de las cintas grabadas y de las distintas transcripciones de las conversaciones, si bien aduce en su disculpa que perseguía otra subtrama de fuga de capitales hacia paraísos fiscales y blanqueo de dinero, es decir que el fin perseguido por don Baltasar justificaría sus beatíficos medios. 

En respuesta al acoso de sus acusadores (las fiscales del caso, se han mantenido en un discreto silencio porque, a su vez, forman parte de la trama judicial afecta a don Baltasar, aquí todo son tramas, como se ve) se defiende el inculpado bueno, asegurando que la policía tomaba nota  de lo dicho  por los inculpados malos, en tanto que al oír las voces de los abogados defensores suspendían castamente la escucha. En consecuencia, don Baltasar solamente tenía conocimiento como Juez instructor de los soliloquios ó monólogos de los malos.

Don Baltasar afirma que en la redacción de la instrucción  no tuvo en cuenta, para nada, sus conocimientos  de las escuchas y lo dice esperando que le crean,  dados sus acrisolados antecedentes de sacrificios y de sublime entrega a la causa de la Justicia. Faltaría más. 


miércoles, 18 de enero de 2012

¡Garzón vuelve!


Sr. Llamazares y Sra. Bardem quejándose de que juzguen al juez Garzón


El primero de los tres juicios por prevaricación, en que se halla incurso el  ex-juez Garzón comenzó ayer con un despliegue mediático formidable. Una cosa resulta evidente: Don Baltasar no parece haber calibrado su situación personal, y organizó, o permitió la organización, de una ruidosa manifestación, poco nutrida a decir verdad, de sus incondicionales, en las cercanías del Palacio de Justicia, de Madrid. Los manifestantes exhibieron banderas tricolores republicanas, coreando eslóganes insultantes  para la Sala Segunda del Tribunal Supremo, dispuesta a juzgar al ex-astro de la judicatura nacional, cuyos Magistrados, ya ven Vds, lo  que son las cosas, qué culpa tendrán.

Entre los congregados protestantes, mantenidos a cierta distancia del Palacio de Justicia por la policía, figuraba el Juez Pedraz, caracterizado por su melena flotante al viento, que siempre parece presa de una admiración adolescente, por tanto ilimitada, hacia don Baltasar.  Asimismo estaban allí varios de sus ex-compañeros, el personal femenino, otrora a las órdenes del ex-Magistrado, en cualquier caso dispuesto a besuquear a su Jefe, si es menester frente a las cámaras o en ausencia de ellas, la actriz Pilar Bardem  con su gesto permanente de frustración histórica, así como los inefables doctor Llamazares y Cayo Lara, ambos de Izquierda Unida, apuntados, pase lo que pase, a todas las causas perdidas.

El doctor Llamazares ha resumido el asunto para la TV, tildando el jucio de esperpento nacional pues, según él, un luchador incansable contra la corrupción, se ve sentado en el banquillo de los acusados por los corruptos. Ni más ni menos. Sería preciso recomendar a don Gaspar la relectura de Valle Inclán, a ver si se aclara y cita con más propiedad al famoso manco de Villanueva de Arosa (Pontevedra).

Los dos, don Cayo y don Gaspar, se olvidan de su condición de representantes del pueblo español, como diputados a Cortes que son, y no les importa apoyar con cualquier motivo oscuras reivindicaciones republicanas, de la Primera o de la Segunda República, vaya usted a saber.

Don Baltasar, antes de entrar en la Sala donde se celebraría el juicio, mostró a sus compañeros  la toga de Magistrado con sus correspondientes puñetas, que pensaba lucir durante las sesiones, al lado de su letrado defensor, para que todos supieran cómo su estrella continuaba encendida con más vatios que nunca. (mañana continuarán las aventuras judiciales de don Baltasar)    

martes, 17 de enero de 2012

Responsabilidades



Los naufragios del "Titanic", hace cien años, en aguas de Terranova y el muy reciente del crucero "Costa Concordia", tienen en común sendos ataques de vanidad sufridos por sus capitanes. El del buque inglés pretendió ganar la Cinta Azul otorgada al transatlántico más rápido, y trazó un ruta por encima de los límites de descenso de los "icebergs" árticos para acortar distancias, con el resultado de todos conocido.

El segundo, il capitano Francesco, quiso asombrar a ciertos amiguetes de la isla Giglio, pretendiendo hacer pasar su rascacielos apaisado a poco más de de cien metros de la costa, mostrando todas las luces encendidas, mientras hacía sonar la sirena del barco con graciosos toques intermitentes. Francesco, pasada ya la cincuentena, tenía el mismo espíritu del niño del chiste pedaleando en su bicicleta ante su madre gritando:  ¡"mamá, mamá, mira sin manos"!.

El resultado de la exhibición naval de Francesco, fue una brecha de setenta metros bajo la linea de flotación por el lado de estribor del barco, originada por una roca "que no figuraba en las cartas marinas" dicen algunos en disculpa del capitán,  brecha capaz de tragar agua con avidez y de originar una escora más y más acusada por momentos.

Para ahorrarse reproches y evitar desagradables escenas de histeria entre el pasaje, Francesco pensó desaparecer y hurtándose a miradas indiscretas, decidió abandonar el barco. Pero una vez en la Isla Giglia, antes de mimetizarse con los paisanos de la misma , fue detenido por los carabinieri y a estas horas los jueces proceden a su empapelamiento por su notoria incompetencia.

Y a propósito de empapelamientos, ¿cómo es posible que nuestros incapaces políticos, causantes de nuestro hundimiento, puedan desaparecer entre sonrisas, palmaditas, condecoraciones y fastuosas pensiones y demás, disponiéndose a pasar los próximos treinta o cuarenta años sin dar un palo al agua?